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River llamaría a la Belgrano como Carrizo

River llamaría a la Belgrano como Carrizo

La idea de D'Onofrio y su CD es que toda la platea lleve el nombre de Amadeo: un tributo a la altura de un grande. Así, será una de las pocas leyendas del fútbol con esa distinción.

Cualquier homenaje que se le haga a Amadeo Carrizo quedará chico. Acaso todos los arqueros del mundo desde hace muchos años que le hacen honor a la leyenda que atajó todo menos una sola cosa, como escribió de manera brillante Jorge Gottling en Clarín en el año 93; lo único que se le fue escurriendo de las manos con el paso del tiempo fue su apellido, “tapado por un nombre sin el que es imposible escribir la historia del fútbol argentino: Amadeo”. Porque, como dice allí JG, este tipo era un arquero que más que frustrar goles ajenos, creaba atajadas propias. Y un estilo, que fue y será replicado para siempre. Es el tributo que le rendirá el fútbol, profesional o amateur.

Pero River, particularmente, también hará lo suyo. Y por estas horas la idea de Rodolfo D’Onofrio y de su Comisión Directiva es que Amadeo tenga un reconocimiento muy grande. Tan grande como el Monumental. O como parte de él, literalmente: desde la partida de AC, el plan del presidente del club es que Carrizo tenga su propia tribuna y que toda la actual platea Belgrano pase a llevar su nombre. Desde agosto de 2008 que el primer nivel de esa grada, conocida universalmente como la Belgrano Baja, se llama Amadeo Raúl Carrizo, pero ahora la idea es que eso se amplíe a todo el resto de la tribuna.

Algo así sucedió luego del fallecimiento de Enrique Omar Sívori en febrero de 2005: el Cabezón, otro de los grandes ídolos fundacionales, tuvo como condecoración que la vieja cabecera Almirante Brown pasara a tener su apellido. Claro, eso venía con una historia conocida por detrás: la venta del Cabezón a la Juventus en 1957 por 10 millones de pesos sirvió para que River terminara de construir aquella tribuna que cerraría la herradura del Monumental. Esa cabecera, proyectada en un principio como Cuarta Tribuna, se llamó Colonia porque en los días más despejados se llegaba a ver al otro lado del río la ciudad uruguaya desde la Belgrano Alta: luego se llamó Almirante Guillemo Brown por las proezas en el río que tiene de fondo. La propia Belgrano, que pronto podrá ser Carrizo, llevaba el nombre Río de la Plata por el nombre de la calle que estaba detrás (luego pasó a ser Udaondo). De la misma manera, la cabecera Centenario le hace honor a la calle que tenía a sus espaldas, que más tarde se renombró como Figueroa Alcorta. ¿Y la San Martín? Se le decía Social u Oficial, porque es la que da a las instalaciones del club.

Pero Sívori y Amadeo no serán los únicos que lleven sus apellidos en partes del estadio: el vestuario local se llama Labruna, así como Angelito tiene su estatua con la que recibe a todos los hinchas al club (y también el puente que lleva a la cancha y cruza la Lugones). Muy pronto Marcelo Gallardo tendrá la suya a su lado.

La idea de River con Carrizo ya se ha aplicado en otros estadios. ¿Los casos más conocidos acá? El Kempes en Córdoba, el Bielsa en Rosario o el Maradona de La Paternal. En esa sintonía, a principios de año la CD de Independiente anunció que el Libertadores de América pasará a llamarse Ricardo Enrique Bochini. En Estudiantes, por caso, decidieron que las tribunas no llevaran los apellidos de las glorias del club sino de los logros. Claro que no se trata de ninguna revolución: este tipo de reconocimientos a jugadores ya existía en el mundo: Bernabéu en Madrid, Giusseppe Meazza en Milán, Mané Garrincha en Brasilia y varios más. Los más grandes lo merecen. Y Amadeo es uno de ellos.

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