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Luchando por su sueños

Luchando por su sueños

Daniel Gazzaniga debio decidir si seguía con el fútbol o si se buscaba un trabajo fuera del mundo de la pelota. Viajó con 50 euros en el bolsillo y firmó con un equipo de la cuarta de Inglaterra. Hoy juega en la mejor liga del mundo y sueña con la Selección. Siempre soñando.

Paulo Eduardo Gazzaniga miró a su hijo Paulo y revolvió su bolsillo con rapidez. Era poco. La situación en Valencia venía complicada y España, todavía mareada por el colapso de la burbuja inmobiliaria, no ofrecía garantías laborales para el pibe de 19 años que partía detrás de un sueño. Solo 50 euros. No había más. El jovencito los guardó con premura, abrazó a su padre y caminó. ¿Qué podía hacer para cambiar eso? Aferrarse a lo único en lo que se sentía bueno: impedir goles. La escalera, claro, era larga. La oportunidad, la única oportunidad, era en la cuarta división de Inglaterra. Era eso o buscar trabajo en la caja de alguno de los supermercados de la ciudad. El chico lo tenía claro.

Hace menos de una década, Paulo Gazzaniga metía 50 euros en su mochila y se abrazaba a la pelota. Hoy, a minutos de entrenarse con el Tottenham en el deslumbrante predio de Enfield, en el norte de Londres, el oriundo de Murphy, Santa Fe, repasa con incredulidad aquel viaje que cambió su vida para siempre. Tras jugar en el ascenso inglés, fichó por el Southampton y debutó en la Premier League, la liga a la que miraba por televisión en su pueblo. Más tarde, Mauricio Pochettino se lo llevó a uno de los gigantes de la capital inglesa. El círculo se cerró al llegar a la final de la Champions League. A los 28 años, el arquero del equipo de José Mourinho tiene bastante más que 50 euros en el bolsillo. Como su padre, de trayectoria en el fútbol del interior, y su hermano, actual guardameta del Ponferradina de España, Paulo logró todo a fuerza de atajadas. Ya vuela de palo a palo otra vez.

–Tu camino para llegar a un equipo de la estatura del Tottenham es poco habitual.
–Uno de chico siempre se va mentalizando para llegar a un lugar así. Después, no te vas dando cuenta. A veces tenés más suerte y otras menos, pero vas. Mirá, yo de chiquito viví en Córdoba y en Santa Fe y, aunque no lo creas, miraba la Premier. De chico era fanático de la Premier. Y me tocó llegar por otro camino que la mayoría. Llegué distinto, pero pude cumplir mi sueño.

–¿Qué te acordás de aquella Premier?
–Yo era fanático de Petr Cech. Muy fanático. Por eso siempre miraba al Chelsea, por él. Lo adoraba. Y me volvía loco por las canchas. Eso me encantaba. Me imaginaba revolcándome en ese pastito perfecto de las canchas de la Premier. Y mirá, lo logré.

–¿Pudiste jugar contra tu ídolo?
–Sí, fue una locura. Cuando lo miraba por televisión nunca hubiera imaginado que iba a terminar jugando con él enfrente. Y me pasó. La primera vez le fui a pedir la camiseta, de mandado. La segunda, que yo sabía que se estaba por retirar, le pedí el casquito ese que usaba. Siempre se lo había querido pedir y no me animaba. Al final, con el retiro cerca, lo encaré y me lo dio. Lo tengo guardado como un símbolo de todo esto. Muchos deben tener las camisetas de sus ídolos, pero el casquito, nadie.

–¿Cómo es lo del “pastito” de la Premier?
–En Argentina tenía canchas muy malas en esa época. Más donde estaba yo. Ahora mejoró mucho, pero en ese momento era bravo. Entonces veía el pastito y me encantaba. Hoy me sigue gustando. Cuando era pibe me tiraba a lo que hubiera abajo. Piedras, ladrillos, tierra o lo que fuera. Al lado de eso, hoy se me hace muy fácil.

–La suerte, ¿es un componente o no existe?
–A la suerte hay que acompañarla con trabajo, porque la carrera de un futbolista es una construcción larga. No sé si existe la suerte. Es trabajar y trabajar. Después, hay pequeños momentos. Lo tendría que pensar.

–Encontrarte a un tipo como Mauricio Pochettino, que nació en el mismo pueblo que vos, es un guiño de la suerte.
–Eso fue muy increíble. Yo jugaba en Southampton y una tarde estaba yendo a Londres en tren. En eso me llama el capitán del equipo para contarme que habían destituido a Nigel Adkins, el técnico de ese momento. Y me dice: “¿A que no sabés quién viene?”. Ni idea tenía. “Un argentino”, me cuenta. Cuando me di cuenta de que era Mauricio no lo podía creer. ¿Cuántas chances había de que dos tipos de Murphy, un pueblo de 4.000 habitantes, se crucen en la Premier League? Es una locura. Una en un millón.

–¿Qué tipo de entrenador es Pochettino?
–Uno que vive muy cerca del jugador. Está atento a todo. Trata de exprimirte, pero para eso necesita saber cómo estás. Por eso te saca más del cien por ciento. Te hace dar algo más. Está en cada detalle. Su cuerpo técnico funciona como un reloj.

–¿Qué significó irte a Inglaterra con 50 euros en el bolsillo? 
–Mi familia estaba mal económicamente, ya que nos habíamos venido de Argentina a España buscando poder subsistir y no teníamos casi nada. Yo me quedé sin club y me apareció la chance en Inglaterra. Era una prueba en Gilligham, en la cuarta división. Y, te digo la verdad, no había otra chance. No tenía para elegir. Me la jugué y decidí irme. Mi viejo, con todo su esfuerzo, me dijo: “Tomá”. Y me dio 50 euros. Y viajé con eso. Encima, al cambio en libras era menos. Llegué y lo primero que tuve que comprar fue un adaptador: 5 libras. Eran 5 libras menos. ¡Lo que las hice durar! En el momento no te das cuenta de lo que estás viviendo, pero hoy, a la distancia, es el valor del esfuerzo que tuve que hacer.

–¿En algún momento pensaste en largar todo?
–La pensé. La cosa tampoco estaba bien en España, porque había crisis y subía el desempleo, entonces tuve que aferrarme a esa última chance en Inglaterra y de ahí a ver qué pasaba. Mirá lo bien que salió. 

–Se dice que los arqueros son distintos. ¿Es así?
–Sí. La personalidad del arquero es diferente. Nosotros siempre estamos con otro tipo de presión y con otro tipo de cosas en la cabeza. Tenemos que estar preparado para el fracaso, porque en cualquier momento nos hacen un gol y tenemos que seguir adelante. Te tiene que gustar comerte pelotazos, eh. Te tiene que gustar la presión de esa última línea. A nosotros nos gusta. Somos así.

–¿Por qué elegiste ser arquero?
–De verlo a mi viejo. De seguirlo por todos lados. Fue verlo y pensar en ser eso. Ya de chico iba al arco en todos los partidos de amigos. Él nunca nos impuso nada de fútbol, pero a nosotros nos gustó.

–Se dice que la mejor edad en tu puesto es después de los 28 años. ¿El arquero necesita la madurez?
-–Sí, porque lográs aplomo. Uno va creciendo y va madurando. Cuando crecés vas leyendo mejor las distintas facetas del juego. Te sube el nivel. Eso te lo van dando los años y los errores. Es así. 

–¿Sos arquero todo el tiempo?
–Casi todo el tiempo, menos cuando juego con mis amigos de toda la vida. Con esos voy adelante. O por ahí de central. Es el único momento en el que dejo el arco.

–¿Qué consejo le darías al pibe que viajaba con los 50 euros hace una década?
–Que siga creyendo en él. Que cuando sea más difícil, crea. Que algo va a llegar. Y que escuche a los que lo aconsejan. Con eso va a andar bien.

–¿Qué sueño te queda?
–La Selección. Ese es mi sueño. Fui una vez y sé que necesito rodaje, pero quiero estar. Voy por eso.  Me acuerdo de haber visto aquel Mundial de Francia 98 en casa, con los penales de (Carlos) Roa, y pienso en estar del otro lado. Hoy sé que tengo mucho que trabajar. Pero lo mismo pensaba cuando miraba la Premier. Hay que trabajar y trabajar. El tiempo dirá.

 

Fuente: www.enganche.com.ar

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