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La leyenda Antonio Roma

La leyenda Antonio Roma

"Bajo los tres palos de Boca, Antonio Roma fue mito, leyenda y héroe. Ganó seis campeonatos y fue el símbolo del Boca ganador de los ’60"

Tarzán fue uno de los héroes de nuestra infancia, invencible, ágil, intrépido, heroico, puro músculo, con aptitudes físicas casi increíbles y una gran habilidad mental.

El maestro del relato Fioravanti rebautizó a Antonio Roma con el seudónimo de Tarzán por la forma de arrojarse para contener el balón.

Una vez más Fioravanti no se equivocó. En la selva del fútbol, Antonio Roma fue el Tarzán del arco.

Ganó seis campeonatos y fue el símbolo del Boca ganador de los ‘60, al que sólo le faltó ganar una Copa Libertadores.

Arriesgado, valiente, con muy buenos reflejos, seguro de arriba y con un saque con las manos que llegaba hasta el medio de la cancha, Roma integra la galería de notables arqueros argentinos de todos los tiempos.

Durante 12 años Roma fue el propietario indiscutido del arco de Boca.

Dueño de una autoestima muy elevada, la cual a veces podía rozar la soberbia para algunos, Roma era distinguido entre sus compañeros como “un Tano pintón y fanfarrón”.

Más de una vez, alguno de los que compartieron tantas tardes de gloria junto a él, recordó que “Tarzán” pronunciaba muy seguido en el vestuario, antes de salir a jugar, la siguiente frase: “Tranquilos muchachos, tranquilos que hoy las salva Papito”.

Antonio Roma nació en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de julio de 1932.

Desde muy chico jugó en los potreros de Villa Lugano, su barrio, hasta que un día le propusieron ir a probarse en Ferrocarril Oeste.

El “Tano” Roma empezó su carrera profesional en Ferro, donde debutó el 31 de julio de 1955 y jugó hasta 1959. En ese año fue transferido junto con su compañero de equipo Silvio Marzolini, a Boca Juniors.

Alberto J. Armando recién asumía como presidente de Boca, cargo que ejerció durante más de 20 años.

Roma debutó en la victoria del equipo “Xeneize” del 3 de abril de 1960 contra Estudiantes de La Plata.

El “Tano” estuvo en Boca hasta su retiro en el año 1972, convirtiéndose en uno de los más grandes ídolos del club, con un total de 323 partidos. Ganó la Liga Argentina de 1962, 1964, 1965 y el Campeonato Nacional de 1969 y 1970. También la Copa Argentina de 1969. En dicho año tuvo su mejor marca sin goles: 783 minutos.

Entre 1956 y 1967 representó a la Selección de fútbol de Argentina en 42 ocasiones. Participó en la Copa Mundial de Fútbol de 1962 y 1966.

Una anécdota contada alguna vez por un compañero suyo, y que refleja el orgullo deportivo que tenía y la contracción al trabajo de la que hacía gala: se ponían de acuerdo dos compañeros para hacerlo enojar, se acercaban hasta donde Roma, matándose con el entrenamiento y uno de ellos tiraba al pasar algo así como: “Che… me contaron que Carrizo hace unos 200 abdominales después de cada práctica”. A lo que el otro, cómplice, respondía: “No, es imposible. Para mí, un arquero se desmaya antes de llegar a 150…”. Esa chispa bastaba para encender el volcán que el “Tano” llevaba en su interior, por lo que el tipo, al terminar con sus trabajos específicos, metía entre 250 y 300 abdominales, para luego meter un bocadillo obviamente: “¿Vieron, manga de charlatanes? Siempre hablan por hablar. Yo hago 300 abdominales y mírenme, estoy fresquito como una lechuga”.

El 9 de diciembre del ´62 en La Boca, el local y el “Millonario” debían cruzarse por la anteúltima fecha, con el pequeño gran detalle de que ambos llegaban con 39 puntos. Si alguno de los clásicos rivales obtenía el triunfo esa tarde, tendría el 90% del título en el bolso.

En caso de empate en puntos al finalizar el torneo no habría encuentro desempate para dirimir el campeonato, sino que el reglamento estipulaba que se tomarían los resultados logrados por ambos equipos contra los 5 primeros de la tabla de posiciones, una medida que beneficiaba a River hasta ese momento. Boca estaba prácticamente obligado a ganar si no quería depender de un milagro en la jornada final.

Boca se puso en ventaja a los 14 minutos del inicio, gracias a un penal convertido por Valentim. A partir de allí trató de aguantar esa ventaja mínima, pero a los 40 minutos del segundo tiempo y para estupor de “la 12”, el árbitro Carlos Nai Foino concedió la pena máxima para River, que así tenía una oportunidad de oro de estirar la definición hasta la última fecha.

Antonio Roma por un lado, Vladem Lázaro Ruiz “Delem” por el otro. Dos hombres, cada uno con su historia y de cara al destino, separados por apenas once metros y a su vez, millones de argentinos pendientes de un bendito penal.

Una vez que sonó el silbato, el brasileño corrió a la pelota y la impactó, en forma fuerte y rasante, hacia el palo derecho del arquero, quien con un ostensible adelantamiento (Roma se fue para adelante como mínimo un par de metros), se arrojó hacia ese lado y logró desviar el balón, que por la fuerza del impacto llegó casi hasta el banderín del corner.

Inmediatamente después de la atajada, muchos hinchas saltaron el foso detrás del arco que da a Casa Amarilla e invadieron el campo de juego, por lo que el match se paró unos diez minutos, mientras los jugadores de la banda le reclamaban al juez en forma vehemente por el accionar del “Tano”; pero sin inmutarse demasiado, el polémico Nai Foino -en una frase que quedó para la historia- les espetó: “Aire, aire, salgan de acá que penal bien pateado es gol”.

En la reanudación, el visitante no pudo revertir el resultado y Boca ganó el clásico, poniendo proa hacia el campeonato. Esa atajada consagró a Roma para siempre, máxime cuando a la semana siguiente él y sus compañeros vapulearon 4 a 0 a Estudiantes, para que el club ganara el torneo argentino después de casi una década de abstinencia. Fue apenas el primero de los varios títulos que el arquero ganó custodiando el arco azul y oro.

Como nota de color, cabe acotar que tras conquistar el campeonato el presidente Alberto J. Armando decidió regalar a cada uno de sus jugadores un Ford Falcon 0 kilómetro, como premio por semejante logro. Buena parte del premio los compañeros se lo debían a Antonio, quien a fin de año caminó los 65 kilómetros que separan a la Capital Federal de la ciudad de Luján para cumplir una particular promesa.

Si realmente estaban en la cancha todos los que en estos casi sesenta años dijeron que fueron testigos, había un millón de tipos. Roma contó que una vez, un hombre le dijo que de la alegría había tirado un zapato a la cancha y él se lo había devuelto, como quien lanza el disco; otro le habló de los dos penales que le atajó esa tarde a Delem… “Ja, dos penales! Como si uno no fuera ya demasiado…”.

Sus últimas décadas transcurrieron en Lugano, el barrio en el que nació.

En diciembre del año 2012, previo al partido que Boca le ganó 2 a 1 a Godoy Cruz recibió Roma de parte de la dirigencia un par de plaquetas: una, junto a compañeros como Rattin, Simeone y Marzolini, por los 50 años del título de 1962.

Muy poco tiempo después su salud se deterioró, y víctima de un virus intrahospitalario, falleció el 20 de febrero de 2013.

Antonio Roma se convirtió en leyenda.

Fue el actor principal de aquel penal que le atajó a Delem y permitió la explosión de alegría más jubilosa en años de la mitad más uno del país, como se la conocía en aquel entonces.

Fue idolatrado por sus hinchas y respetado por los rivales.

Fue protagonista de mil hazañas.

El Maestro Fioravanti acertó una vez más: en la selva del fútbol, Antonio Roma fue Tarzán.

 

Fuente: www.cadena3.com/

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