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La historia de lucha de Franco Armani

La historia de lucha de Franco Armani

El camino de arquero para llegar a ser el Armani multicampeón en River y en Colombia que llegó a la Selección. Del barro a la gloria.

Este Franco Armani nació en Colombia. El arquero con perfil imbatible del River finalista de la Copa Libertadores, la figura de la edición pasada, el guardameta de la Selección que ya guarda en su currículum participaciones en un Mundial y una Copa América. El otro Franco Armani, el que se enojaba cuando le pateaban poco al arco en Aprendices o en Alumni de Casilda; el que era dirigido por un desconocido Jorge Sampaoli; el que tuvo un breve paso por por las inferiores de Central Córdoba de Rosario; el que recaló en Estudiantes y no tuvo lugar; el que sufrió ser tercer arquero de Ferro y debió reinventarse en Deportivo Merlo, quedó lejos de las luces de neón, pero no deja de ser atractivo. Porque para ser uno de los mejores guardametas del país tuvo que formarse en el barro, pasando por una impactante metamorfosis que, una vez más, a los 33 años, lo llevó a pelear por la corona de América.

Año 2008. Juan Ignacio Brown, el hijo del mítico zaguero central de la Selección campeona en México 1986, oficiaba de chofer de un nutrido vehículo que viajaba a diario desde La Plata hasta Caballito, donde se entrenaba el plantel de Ferro, participante de la Primera B Nacional. “Franco era un chico humilde, introvertido. Yo pasaba por la intersección de 7 y 62 y me esperaba en la esquina. También venía con nosotros el Cabezón Leandro Testa y el Toto (Guillermo) Hernando también se sumaba”, cuenta el itinerario Juani, entonces defensor, hoy entrenador.
 

En ese certamen, con Carlos Trullet como entrenador, Armani, a préstamo de Estudiantes, era el tercer arquero del Verdolaga, detrás del experimentado Hernando y el juvenil Fernando Otarola. “Era muy educado, muy profesional; intentaba dar todo en cada entrenamiento”, explicó Brown. El debut de Franco en la élite resultó doloroso. Se dio el 13 de abril de ese año, ante Atlético de Rafaela en Santa Fe: perdió 4-0, con dos goles de Jonathan López y otros dos de Gonzalo del Bono. Ferro formó con Armani; Luis Catalán, el citado hijo del Tata, Santiago Rodríguez; Santiago Fernández (aquel volante que llegó a la final del reality Camino a la Gloria), Matías Carabajal, Diego Tonetto; Maxi Castano, Vicente Monje y Federico González (sí, el delantero de Estudiantes; goleado de la pasada Superliga con Tigre).

“Ese partido fue en Rafaela, se hacía fuerte de local, en cancha chica, y nosotros recién nos acomodábamos con Carlos Trullet. La pasamos mal”, recuerda Juani. El entonces entrenador fue todavía más terminante. “Las estadísticas son malas. Si ese día no era por él nos hacían ocho, había atajado muy bien en ese partido”, rememoró en diálogo con La Opinión de Rafaela. Si bien Súper Mario había sido el DT que dio el aval para su desembarco en Caballito, aceptó que no creía que iba a llegar a ser lo que es hoy: “Es muy buen arquero, yo soy honesto y no vislumbraba que podía llegar a tener este nivel, a la campaña que hizo en Colombia”.

Para Colombia falta; todavía estamos en su etapa Argentina. Ese fue el único partido oficial que jugó en Ferro. Tenía 19 años y quería continuidad. Ferro le ofreció seguir otro año, pero no tenía garantizada la titularidad. Ahí apareció en escena Deportivo Merlo, que militaba en la tercera categoría del fútbol argentino. Un escalón más abajo, ¿para tomar impulso y llegar más alto?

Para el armado del plantel que debía encarar la temporada en la Primera B Metropolitana, el entrenador Felipe De la Riva buscaba un arquero confiable. Tocó el timbre en Caballito preguntando por Otarola... Pero se quedó con Armani por las referencias. En 2009, el uruguayo formó el plantel más utilitario de la categoría, pero logró el salto a la BN, con un Franco descollante. Tras dos años en el Charro, emigró a Colombia.

“Le aconsejé que se quedara en el fútbol argentino y le dije que ‘si hubiera que hacer la lista de los tres arqueros de la selección argentina, para mí tenés que estar, pero el problema es que atajás en Merlo. Andá a un grande del Nacional B, eso te va a llevar a Primera División y ahí es evidente que te van a llamar de la Selección’. Pero decidió otra cosa, irse a Colombia, donde tuvo la suerte de romper todos los récords, atajó bárbaro, pero la realidad es que lamentablemente tuvo que venir a la Argentina a atajar a River para que lo llamaran de la Selección, sino no lo hubiesen llamado nunca”.

Este Franco Armani nació en Colombia. El arquero con perfil imbatible del River finalista de la Copa Libertadores, la figura de la edición pasada, el guardameta de la Selección que ya guarda en su currículum participaciones en un Mundial y una Copa América. El otro Franco Armani, el que se enojaba cuando le pateaban poco al arco en Aprendices o en Alumni de Casilda; el que era dirigido por un desconocido Jorge Sampaoli; el que tuvo un breve paso por por las inferiores de Central Córdoba de Rosario; el que recaló en Estudiantes y no tuvo lugar; el que sufrió ser tercer arquero de Ferro y debió reinventarse en Deportivo Merlo, quedó lejos de las luces de neón, pero no deja de ser atractivo. Porque para ser uno de los mejores guardametas del país tuvo que formarse en el barro, pasando por una impactante metamorfosis que, una vez más, a los 33 años, lo llevó a pelear por la corona de América.

Año 2008. Juan Ignacio Brown, el hijo del mítico zaguero central de la Selección campeona en México 1986, oficiaba de chofer de un nutrido vehículo que viajaba a diario desde La Plata hasta Caballito, donde se entrenaba el plantel de Ferro, participante de la Primera B Nacional. “Franco era un chico humilde, introvertido. Yo pasaba por la intersección de 7 y 62 y me esperaba en la esquina. También venía con nosotros el Cabezón Leandro Testa y el Toto (Guillermo) Hernando también se sumaba”, cuenta el itinerario Juani, entonces defensor, hoy entrenador.

Su pase a Atlético Nacional también tuvo aroma a jugada del destino. Pocho Arismendi y Alejandro Lipara oficiaban como gerenciadores de Merlo y tenían contactos con Colombia. En consecuencia, organizaron un amistoso con el elenco de Medellín en Hindú Club. Su buen rendimiento provocó que lo incluyeran en carpeta de refuerzos. Pero en su primera etapa tampoco logró continuidad; incluso llegó a evaluar volverse a la Argentina. Encima, cuando el técnico Juan Carlos Osorio le dio su chance, se rompió los ligamentos cruzados de una de sus rodillas.

“Fue el momento en el que más sufrí, se te pasan un montón de cosas en la cabeza. Cuando me tocó vivir eso pensé que no iba a jugar más al fútbol. Después de la cirugía, cuando estaba en recuperación, estaba mi señora al lado. Y cuando me despierto, la veo llorando. Y le pregunto: ‘¿Qué pasa amor, te dijeron que no iba a volver a jugar?’. Y me dijo: ‘Quedate tranquilo, salió todo bien’. Y cuando te vas recuperando también pensás que no vas a volver bien, de la misma manera que antes. Pero gracias al apoyo de ella y de mi familia salí adelante y hoy disfruto del éxito”, le contó el arquero al sitio de la Copa Libertadores.

En pos de encontrar respuestas, en ese momento decidió visitar a una “canalizadora de ángeles”; una médium. La dama le dijo que se había contactado con su abuela fallecida. Y le aseguró: “Serás un arquero exitoso y ganarás muchos títulos; eso será a partir de que tengas 28 años”. Pues bien, la vidente acertó. Armani ganó 11 títulos locales y dos internacionales, incluyendo la Copa Libertadores. Y un estadio lleno lo despidió entre lágrimas cuando se mudó a River, que en enero de 2018 pagó casi 4.000.000 de dólares para cerrar su arco. Y vaya si lo logró.

“Se le veían condiciones, los jugadores van madurando en diferentes etapas, necesitan de confianza del entrenador y de los compañeros para crecer. El fútbol no es tan fácil, hay factores que ayudan o perjudican. Son las vueltas del fútbol: encontró su lugar primero en Merlo, después en el fútbol colombiano... Y ha sido un pilar fundamental en el River de Gallardo, es de los mejores arqueros de Argentina”, firma Juani Brown, aquel que oficiaba de chofer del prometedor guardameta y hoy sigue su carrera con admiración: “Lo crucé en Miami cuando yo trabajaba en San Lorenzo y me regaló su camiseta”. Ese cambio de roles también es parte de la metamorfosis.


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Fuente: www.infobae.com

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