Noticias

El Pato Fillol cumple 70 años

El Pato Fillol cumple 70 años

El debut en el que le hicieron 6 goles, los militares, la amenaza de muerte de Lacoste y las enfermedades de su padre y de su hija.

“Hablamos de fútbol pero también de muchas cosas malas que me pasaron y te lo agradezco. No todo es color de rosa en la vida y tiene que servir de ejemplo para las nuevas generaciones. Los momentos duros los enfrenté como los enfrentamos todos, aunque a algunos les afecta más que a otros. Son etapas de la vida. Todos le preguntan al campeón por el penal, por la vuelta olímpica, pero fue tan dura mi carrera para llegar a Primera que quiero hablar eternamente de San Miguel del Monte y de Quilmes, de la presión cuando llegué a Racing y a River, de las amenazas que recibí de Lacoste, de mis pérdidas, de la enfermedad de mi hija, de cuando invertí y me fue mal. Si hasta me robaron la medalla del Mundial 78​, que era lo único que tenía. Y sin embargo, pienso en el reconocimiento de la gente y es emocionante”.

El que se despide agradeciendo después de más de una hora de charla es nada menos que Ubaldo Matildo Fillol​, el Pato, el campeón del mundo con Argentina 78, el arquero que está en el podio de los mejores de la historia, el hombre que este martes 21 de julio celebra 70 años de vida. Como cuando estaba debajo de los tres palos, atajó todas las preguntas y las devolvió con la franqueza, la serenidad y la satisfacción del camino recorrido.

Desde su casa en San Miguel del Monte, acompañado por Olga, su compañera de toda la vida, le cuenta a Clarín que ahora están en fase 4; que ahora se puede ir a pescar pero él se sigue cuidando muchísimo; que a veces sale a caminar o andar en bicicleta; que los que lo conocen desde chico lo siguen llamando Negrito pero para las nuevas generaciones y para todo el país es y será para siempre el Pato; que sus tres hijos, Sebastián, Nadia y Tamara están bien; y que está feliz de sus cinco nietos: Valentín, Joaquina, Frida, la rusita Julieta (que nacieron las tres el mismo año) y Lolo, Lorenzo, el más chico, de 6 años de edad.

Sus 70 años y sus inicios en Monte
“No específicamente por mi cumpleaños, pero sí durante esta cuarentena por la pandemia, en estos cuatro meses, me detuve en el tiempo y empecé a recorrer todo. Mis inicios aquí en San Miguel del Monte, el día en que me fui a Quilmes en 1964 con apenas 14 años. Siento que hice un lindo recorrido dentro del fútbol, siento mucho el reconocimiento de la gente, del periodismo, de todos en muchos aspectos. Acá jugaba en el club San Miguel, los sábados había partidos de Cuarta y Tercera. Primero jugaba de arquero y después de cinco. Era puro potrero. Para mí era tan común que cuando me fui a probar a Quilmes y me preguntaron de qué jugaba, dije de cinco o arquero, y el delegado me retó, que me defina. Con el tiempo, fue una cosa sabia haber dicho arquero, por las piernas que tenía, los reflejos, tenía todas las condiciones naturales para el puesto. En el apuro, elegí bien”.

 

Su etapa en Quilmes
“Me acuerdo de Pandito, al que acompañé a probarse en Quilmes. Quedamos los dos, nos pusieron en pensiones distintas, nos cruzábamos en el entrenamiento, charlábamos, pero él a los 45 días se fue y ahí la soledad se hizo más grande. Fue una etapa muy difícil, trabajaba para pagar la pensión y me entrenaba, pero a pesar de las dificultades que hubo, tengo un agradecimiento enorme a la gente de allí. Mi debut fue desastroso, perdimos 6-3 (fue el 1° de mayo de 1969 ante Huracán) y seguí igual, porque tuve mucha contención. Al día siguiente el utilero me dio el cajón con la ropa y la camiseta tenía el número 13, la yeta; el otro día lo llamé y nos reíamos. Un día me llama Florencio Doval, el técnico, y me pregunta si estoy bien, si no estoy golpeado, si dormí bien, yo le decía que sí y me dice ‘bueno, vas jugar’, y yo no había hecho nunca un entrenamiento con los de la Primera, ni los conocía, almorcé con ellos y a la cancha. Muy traumático, ‘vení, puf, jugá y listo’, ahora es muy raro que pase eso porque ha cambiado todo. Así empecé, a los golpes. Esa vida dura para llegar a Primera fue formando mi carácter, mi rebeldía a pesar de ser un pibe; todo gracias a mi formación en el potrero. Después de mi debut, el otro año descendimos y me tocó la colimba. Así que en el 71, hice el servicio militar y jugué en Primera B. La verdad, la rompí. Y en los primeros días de enero me compró Racing”.

 

La presión de jugar en los grandes
“Cuando llegué a Racing ​no me conocía nadie, encima estaba peladito porque recién había terminado la colimba. El técnico era Víctor Rodríguez. Los hinchas me gritaban, me decían que ahí había atajado Mario Cejas, campeón del mundo. Todavía estaban el Chango (Juan Carlos) Cárdenas, (Nelson) Chabay, el Panadero (Rubén) Díaz, una presión tremenda. Son las cosas que tienen los equipos grandes. Cuando llegué a River me tiraron toda la historia del club encima. ‘Mirá, pibe, que acá atajó Amadeo (Carrizo)”. Toda mi carrera fue bajo presión, como tiene que ser, pero muchos se apabullan… otros no”.

 

Con la celeste y blanca
“Un día llaman a Quilmes y dicen que había un partido de la selección juvenil, si mal no recuerdo en Pergamino, contra la Liga local. Me convocaron junto con (Miguel Angel) Cottón. Recuerdo que lo ví a (José) Pizzuti, que era el técnico de la mayor. Pero antes no había calendario internacional ni nada, fue ese partido y no sé si alguno más. Después, ya en River me convocan para la Mayor y estoy en la lista definitiva del Mundial de Alemania. Fui como tercero, la costumbre entonces era llevar al arquero del futuro, pero no me imaginaba debutar. Y lo hice en el último partido, el 2 de julio, un día después de la muerte del general Juan Perón. ¡Qué tristeza ese día! En la delegación había muchos dirigentes que eran peronistas, me acuerdo de Paulino Niembro, el papá de Chiche, mucha gente grande. ¡Cómo lloraban, como chicos! Habían decidido no presentarse, pero la respuesta de Stanley Rous, que aún era el presidente de la FIFA, fue que automáticamente perdíamos la organización del mundial 78. Me acuerdo de los carteles en los estadios que anunciaban el próximo torneo y decían ‘Argentina’, ¡qué orgullo! Bueno, la cuestión que al otro día vino el Polaco Cap (Vladislao) y, como Florencio Doval en el 69, me dijo ‘bueno, vas a jugar’.

La consolidación como arquero
“Después de todo ese tiempo en la Selección, la sensación era de crecimiento. Toda esa experiencia, la gira previa, la convivencia, me potenció de una manera increíble. Cuando regresé lo hice más pleno, confiado, seguro, era otro arquero. Veía otras cosas, no me preguntes por qué, pero fue así. Disfruté de Sepp Maier, el alemán, que era un arquerazo. Y, además, siempre me cuidé, siempre quise aprender. Ese año casi ni jugué en Primera y en enero del 75 llegó Angelito (Labruna) a River y lo primero que dijo fue que su arquero era Fillol. Él me había tenido en Racing. Para mí fue un gran orgullo ser el arquero de Angelito, me llena de emoción.

 

El Mundial, los militares y Lacoste
Uno no sabía lo que pasaba, por eso el día de la famosa reunión con Lacoste (Carlos, el vicealmirante de la dictadura, hombre fuerte del fútbol y con mucha llegada a River), que antes ya me habían amenazado porque no firmaba contrato con River y le habían pegado a mi papá, me dijo que tenga cuidado, que me podían pegar un tiro, que podía aparecer tirado en un zanjón, y yo ahí me reía, no podía creer lo que me estaba diciendo. Y con los años uno se dio cuenta de que sí, que secuestraban, torturaban y mataban gente en plena epopeya del 78. Y me da asco. Pero me quedo con la parte buena: uno defendió al país, nuestro marco era la cancha, los arcos, el árbitro, el rival, y en ese contexto logramos por primera vez el título del mundo para nuestra gente. Vos fijate que pasa el tiempo y todavía se siguen descubriendo cosas horrorosas de ese pasado, 42 años después. Pero la satisfacción, la alegría, la dignidad, a ninguno de nosotros nadie nos la quita.

La ausencia del Mundial 86
“Yo quería jugar siempre, todo, pero... Sé que fui importante en la angustiosa clasificación en la cancha de River, pero nunca le pregunté a (Carlos) Bilardo por qué no me llevó. Sí, en cambio, reclamé que mínimamente merecía una explicación, que no iba a estar por esto o aquello, pero no porque era Fillol, porque era una persona. Pero no se dio. Después de jugar tres mundiales, de participar en la clasificación, me queda claro que tenía que haber estado entre los tres arqueros. Después, si la decisión era que jugara Nery, estaba todo bien. Es difícil de explicar, algo hubo, yo que sé... Tiempo después, Carlos dijo públicamente que me explicó que era un peso pesado. Mentiras, pero bueno, son cosas que pasan en el fútbol. Yo seguí mi carrera, no me quejo, soy un agradecido.

El retiro soñado de todo jugador
Siempre digo que fue la despedida que sueña todo jugador, jugar para diez puntos. Lo único que no me cerró fue que evité que River ganara el torneo (el 22 de diciembre de 1990, Vélez ganó 2-1 en el Monumental y el ganador del Apertura fue el Newell’s de Bielsa). Soy fana de River desde los cinco años, soy socio, pero nunca pensé en hacerme el distraído, siempre defendí con honor la camiseta que vestía. Igual siento que no le saqué nada, atajé 10 años en el club, gané siete títulos, ocho con el Mundial. Todo eso dignifica.

 

“Los palos eran mis amigos”
“Eso lo dije el día que me retiré, era una cancha que conocía, todo era muy familiar. Y sí, los palos eran mis amigos, ahí me acordé de todo lo que viví, y de esa pelota que pegó en el palo después del remate de Rensenbrink (Rob, el jugador holandés, sobre el final del tiempo regular del partido cuando iban 1-1) que hubiese significado el ocaso del futbol argentino, el ocaso de esa Selección.

Los golpes de la vida
“El día después de mi retiro, me habían invitado a almorzar al programa de Mirtha Legrand​. A la noche me descompuse y me tuvieron que operar urgente de apendicitis, por poco no tuve peritonitis. Estaba saturado mentalmente. Físicamente, fenómeno, podría haber jugado cinco años más, todos me lo pedían. Tal vez podría haber esperado seis meses más y seguir. Pero en ese momento no me importaba nada y a la distancia creo que fue una idea maravillosa haber decidido mi retiro. Pero mirá lo que pasó: cuando ya estaba mejor de la operación, me doy cuenta de que mi viejo no aparecía. Ahí me avisaron que estaba enfermo, que tenía leucemia. Hasta que falleció, en 1992, estuve al lado de él. Y después, el problema de mi hija Nadia con el tema de la bulimia y anorexia. Estuve ocho años fuera de todo. Fue una etapa muy difícil de la vida, que me sacó del ruido del fútbol y en la que, por suerte, me pude dedicar a mi familia”.

 

Estafas y robos
“En el medio de todo eso, sí, además, me fue mal económicamente. Los jugadores de mi época no ganábamos mucha plata. Entonces, con los ahorros ponías un negocio y si te iba mal, fuiste. Y me fue mal. Ahora es diferente, se manejan otras cifras, pueden poner ocho negocios, les va mal y no pasa nada. Después, en 2009 me asaltaron, entraron a mi casa, nos robaron mucho. Lo único que tenía era la medalla del Mundial 78. Nunca guardé ropa ni nada, solo eso. Y me la robaron. Después, tenés que salir agradeciendo que no te mataron, pero deportivamente me mataron porque era lo único preciado que tenía del título mundial. Una vez, charlando mano a mano con Julio Grondona, en la estación de servicio, le conté que me habían robado, y él me dijo que me iba conseguir la medalla del 86, porque merecía haber estado en ese Mundial, que él era el vicepresidente de la FIFA y me la iba a dar. No pasó nada, jaja, apenas lo cuento como una anécdota.

 

El técnico y el docente
“Antes de retirarme hice el curso de técnico en la escuela Adolfo Pedernera de La Plata. Quería tener el carnet y mi idea era dedicarme a la formación en juveniles. Después de estar alejado, en 1998 empecé a trabajar en Racing con el Coco Basile. Más tarde me llamó José (Pekerman​) para estar las selecciones juveniles; estuve 10 años trabajando con José. Ahí consolidé mi vocación por la docencia. Ahora manejo el Departamento de Arqueros del Fútbol Amateur. En River, Gustavo Grossi, que es el director general, y Gabriel Rodríguez, coordinador, implementaron pruebas virtuales. Así que todos los días recibimos 20 o 30 videos de chicos, de no más de cinco minutos, con trabajos y acciones de partidos, y si vemos que alguno de ellos es potable, haremos la prueba definitiva en campo cuando todo esto pase. En mi caso, obvio, me dedico a los arqueros.

 

Monte, su lugar en el mundo
“Nunca me fui de acá, es mi lugar en el mundo. Y me dedico a hacer trabajo solidario. Hay mucha gente que es elitista y, si ellos están bien, no les importan los demás. A mí no. Con la filial de River de Monte donamos 10 colchones al Hospital Provincial Zenón Videla Dorna, que es el lugar donde yo nací, donde trabajaron mi mamá y mi hermana; la gente de Molinos Cañuelas, que son amigos, dona comida; también conseguí alfajores Jorgito y Fantoche; y ahora estamos haciendo una rifa de una réplica del buzo verde con el número 5, el que usé en el Mundial, de mil números y ya quedan pocos. Con lo que se recauda compramos polenta, frazadas y hace unos días donamos un microondas al hospital.

Y una última reflexión
Una de las cosas que descubrí en este último tiempo es la penetración que tiene el fútbol en nuestra sociedad, es tremendo. Recorro mucho todo el país con River, de las municipalidades me invitan a dar charlas y viene mucha gente que te abraza, tiembla, llora. Es una cosa hermosa todo lo que te da el fútbol. Los pibes chicos, con la tecnología, saben tu biografía porque la leyeron o porque se la contó la mamá, el papá, el abuelo. La verdad es que nunca fui de vivir de recuerdos, nunca me colgué de nada de lo que gané, de lo que hice, pero soy un agradecido. Es una felicidad abrumadora.

 

Fuente: www.clarin.com

Comentarios