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“Armani es un arquero hecho para River”

“Armani es un arquero hecho para River”

Marcelo Barovero, el hombre que marcó el comienzo del histórico ciclo con aquel penal a Gigliotti, destaca al hoy dueño del arco y lo pone sobre Andrada. Cuenta qué hizo con el buzo verde, explica su partida, elogia A Gallardo y hace fuerza por el Millonario.

-Levantaste el dedo índice derecho, nada más, Marcelo. ¿Cómo puede ser?

-Es que quedaba todo un partido por delante. Y si Boca nos hubiera hecho un gol, se nos habría puesto difícil todo. Ese gesto fue como decir 'sirve', porque dio resultado lo que habíamos analizado. Aunque sí, en definitiva fue magnífico e inolvidable.

-Por más sobrio que seas, cuando ves la repetición me imagino que te arrepentís de no haber saltado, apretado el puño, gritado, algo...

-Cuando lo veo, pienso que hoy reaccionaría igual. Es más: creo que ni siquiera levantaría el dedo. Porque al puesto lo vivo así. Y es mi forma de sentir esta profesión.

-¿Y cuántas veces lo volviste a ver el penal que le atajaste a Gigliotti?

-Pocas, pocas. La otra vez vimos en familia la película de River que salió en Netflix y sí, fue un momento muy emocionante para todos. Si estoy en YouTube o en algún televisor prendido y viene la situación, la miro. Porque es lo que más me identifica. Pero de buscarlo yo, es raro. Vivo el día a día y miro para adelante. Siempre.

-¡Al menos el ringtone de "Barovero, Barovero, Barovero" lo habrás usado!

-¡Nooo! Yo no (se ríe). Y la familia, no creo... Somos bastantes resguardados en esas cosas. Es cierto que, por cómo se vive el fútbol en nuestro país, en el entorno alguno se contagia. Pero yo sigo mirando para adelante. Eso sí: la alegría de ese día me va a durar para siempre.

-¿Tomaste dimensión histórica?

-Todo lo que fue sucediendo nos fue engrandeciendo cada vez más. Y yo feliz de haber formado parte de algo increíble. Con el paso de los años y este andar de la institución, uno se siente más orgulloso todavía de haber aportado un granito en la historia de un club que cada vez es más grande.

-¿Qué fue lo más loco que te pasó a partir de ese día?

-¡Los tatuajes! Que los hinchas se te aparecieran con los tatuajes de ese momento. O la gente que todavía se emociona por aquellos, no le sale palabra. Eso es único. Es impagable.

-¿En México también te cruzaste con alguno que te agradeció?

-¡Sí, obvio! Y más al principio: cuando llegaba a diferentes ciudades había algún hincha de River que me estaba esperando en el hotel o en la cancha con la camiseta o con el buzo verde. Ocurría, y ocurre, mucho. Acá o cuando viajamos a Estados Unidos es normal que se dé.

-¿Alguna vez te pusiste a pensar que hubiese pasado si no lo atajabas? Porque podría haber cambiado la historia de este ciclo...

-Bueno, es difícil medirlo, pero sí nos iba a hacer tambalear porque nos podría haber dejado fuera de la Copa. Hubiera sido un golpe durísimo y el rival se hubiera potenciado.

-¿Qué hablaron el día que te cruzaste con Gigliotti?

-Nada, del momento, el ahora, su llegada a México y nada más. No había muchas cosas por hablar ni mucho tiempo. A veces se hace una película pero entre nosotros ante todo hay respeto.

-Tenés tu propio museo. ¿el famoso buzo verde está ahí?

-No, el buzo del penal a Gigliotti lo tiene alguien del plantel, que seguro no lo regaló: lo va a tener para la eternidad. Los guantes sí están guardados. A esos los usé en la final de la Sudamericana y hasta ahí llegaron Hubo una jugada, una sola, que pudo haber cambiado la historia del River de Gallardo. Y el protagonista, el gran responsable de que el destino haya tomado el rumbo de la gloria, hoy disfruta de su parsimoniosa vida en Monterrey. Cinco años después de adivinarle el rostro al futuro (curiosamente se cumplen el miércoles 27), lejos del club pero muy cerca del corazón de los hinchas, Marcelo Barovero rememora cada detalle de un hito que influyó en la vida del plantel que ya sueña en Lima con levantar su tercera Libertadores. Y él, a 4.800 kilómetros de distancia, espera el momento para, si se da, volver a festejarlo con todo: revoleando cuatro veces el dedo índice derecho, obvio.

 

 

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Fuente: www.ole.com.ar

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