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En silencio se agiganta

En silencio se agiganta

Sin chapa, pero con guantes sólidos, el arquero se ganó el respeto del hincha, que ya no extraña a Andrada.

Acaso su gesto más presuntuoso, por llamarlo de alguna forma, fue pedir que recuperar el número 1 tras la salida de Esteban Andrada. Hasta ahí, Agustín Rossi lucía la 17 con la que empezó a ganarse el lugar incluso antes de que Sabandija partiera a México. Como fuera, sin chapa pero con guantes y números sólidos, el hoy arquero de Boca está haciendo olvidar al último gran arquero de Boca.

El desafío para Rossi no era fácil. Andrada se había ganado un lugar, un derecho, un reconocimiento, un respaldo. En un arco gigante, con pocos dueños en la última década, estuvo a la altura de esas circunstancias. Desde que llegó a mediados del 2018 que se convirtió en una de las figuras del equipo, hubo momentos en los que atajó casi lesionado de lo imprescindible que era su presencia y hasta fue convocado a la Selección...

Sin embargo, su ciclo se desgastó en el final, principalmente con el Consejo de Riquelme, y Rossi empezó a crecer en cuerpo, alma y espíritu. Si bien venía cubriendo a Andrada en los partidos de Copa que no pudo jugar, su empujón definitivo fue el superclásico por los cuartos de Liga, en el que contuvo dos penales (a Angileri y a Ponzio) para la victoria 4 a 2 por esa vía y primera eliminación a River después de mucho tiempo.

A partir de ese partido, vinieron otros diez, hasta hoy. De Racing a Racing. De las semifinales de la Copa de la Liga (derrota por penales a pesar de que Agustín contuvo uno) al choque del último domingo. Y en esos diez juegos, el arquero de Boca, ya dueño indiscutido del puesto, recibió apenas tres goles (Argentinos, Estudiantes y Platense).

​ Es decir, no sólo Rojo e Izquierdoz le dieron tranquilidad a la defensa xeneize, sino que él también sumó su cuota-parte. Contra Racing, de hecho, bajó todos los centros que llegaron a su área y dejó una sensación de plena seguridad.

 

Los números, su respaldo

Si las estadísticas marcan el pulso de un goleador, también sucede lo mismo con los arqueros. Y para Rossi, estos diez partidos fueron una prueba. Porque si bien el foco nunca estuvo puesto en él, también logró que no se hablara del arco de Boca. No abrió dudas. Más bien, las cerró todas. Mantuvo la valla invicta en la Copa, ante Mineiro. Y también en otros cinco partidos más, incluso en una nueva eliminación a River, por Copa Argentina, en la que se volvió a convertir en héroe.

Pero si su nivel no se resalta tanto, mucho tiene que ver su perfil. No es un arquero con chapa mediática, que haga ruido, incluso hasta en sus declaraciones se muestra medido, sobrio, equilibrado, características que también lo definen como arquero. Y eso, en algún punto, también parece jugarle a favor. Porque así también logró que el arco de Boca no esté en la mira.

Por lo pronto, desde que agarró el arco tras la salida real y oficial de Sabandija, pasaron nueve partidos. Y ahí, Rossi ya registra un mejor inicio de era que la del propio Andrada cuando arribó al club. Porque sólo recibió tres goles, contra cuatro que le habían marcado en sus comienzo en Boca al actual arquero de Rayados de Monterrey. Desde ese lugar, también lo hace olvidar...

 

Fuente: www.ole.com.ar

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