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Deuda Internacional

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"El título va a llegar", declara Gabriel Arias, arquero de Racing, acerca de los torneos internacionales en una entrevista con La Nacion.

Gabriel Arias consiguió lo que pocos arqueros logran: que los hinchas compren el buzo que tiene su nombre. Alcanza caminar unos pasos alrededor del Cilindro de Avellaneda para cruzarse con la camiseta verde del número 1 y su apellido debajo. El neuquino de 33 años, con perfil bajo y sin declaraciones estridentes, se ganó el cariño entre los tres palos. En 66 partidos cosechó dos títulos (Superliga 2018/2019 y Trofeo de Campeones 2019), 24 vallas invictas y actuaciones inolvidables en partidos clave. En la última Copa Libertadores apareció en el 11 ideal que armó el histórico delantero brasileño Ronaldo. No era como para menos: entre los cuatro partidos de las llaves de Flamengo y Boca realizó 20 atajadas. Una enormidad, aunque admitirlo no sería el estilo de Arias.

"Es una sensación linda y una motivación para seguir esforzándome. Este club me dio un espacio, un lugar en la primera. Me abrió las puertas y tuve un buen rendimiento; quedé en los puestos históricos de imbatibilidad. Claro que es lindo. Pero lo que más disfruto es ir al club. Estar con mis compañeros, conocer las otras áreas y disfrutar de lo que es Racing", dice el también arquero de la selección chilena. Suena a cassette, pero no lo es: en sus dos años y medio en Avellaneda compartió entrenamientos con las arqueras del plantel femenino, a las que les regaló indumentaria; pasó una tarde con 200 chicos que hacen deporte en la sede de Villa del Parque, y hasta a veces hace de community manager, porque toma fotos del Cilindro o de sus compañeros que luego sube la cuenta oficial del club.

"Lo hago porque me sale. A uno, cuando era chico, lo ayudaron, le mostraron el camino. Tuve compañeros como Lechuga Roa y Nico Cambiasso, que me marcaron el camino. Y me gusta, desde el lugar en que ahora, estoy dar una mano. Ya sea con materiales o con compartir un entrenamiento o al menos pasar un buen rato. Es lindo conocer otras áreas del club, a otras personas", explica, mientras comienza a palpitar el estreno por la Copa de la Liga Profesional, que será este viernes a las 19.15 frente a Banfield.

-Pasó poco tiempo desde la dolorosa eliminación ante Boca por la Libertadores. ¿Cómo se vuelve a empezar tan pronto?

-Con las expectativas de siempre. Creo que lo de Boca ya quedó de lado; fue una experiencia más en un torneo internacional que sirve para corregir, para ver lo bueno y lo malo que hicimos para lo que viene. Ahora es todo nuevo, comenzamos un proceso distinto con otro cuerpo técnico y se renueva la expectativa. Tuvimos apenas tres semanas y dos amistosos para tomar ritmo. Ojalá nos acoplemos lo más rápidamente posible al cuerpo técnico. Juan [Pizzi] es un director técnico muy tranquilo, de ideas muy claras y que sabe manejar los momentos. Creo que eso va a ser muy importante para lo que nos toque en el año.

-En 2018 este plantel cambió la exigencia que había en el club: ahora Racing parece estar obligado a ser campeón. ¿Cómo lo llevan?

-Estamos en un club grande. Tenemos que ir por objetivos cada vez más importantes. Hay que pelear arriba siempre y tenemos que ganar una copa internacional, algo que desde hace mucho el club no logra. Pusimos una vara alta que hay que saber mantener, para eso nos preparamos.

-"Se te va a extrañar", pusiste en tus redes cuando se despidió Lisandro López. ¿Cómo son estos días sin él?

-Y sí. Se lo extraña. Era nuestro emblema, nuestro capitán, nuestro referente. Se lo extraña bastante. Tenía un sueño y ayudamos a que lo cumpliera. Cuando nos dio la noticia se lo dije por mensajito, y cuando lo vi personalmente, también. Tengo sólo palabras de agradecimiento hacia él. Cuando llegué al club se brindó al 100%, se puso a disposición para lo que necesitara. Y hasta el último día fue igual. Es de esas personas que a veces no se hay en el fútbol. Él nos avisó por teléfono el día antes de que saliera la noticia, pero me tomó por sorpresa.

Los partidos jugados sin público entre octubre y enero exhibieron una característica de Arias que era imperceptible entre el aliento de los hinchas. El neuquino es puro grito en los 90 minutos, con indicaciones a sus compañeros y comentarios que adelantan la jugada que va a venir. Tanto con Eduardo Coudet como con Sebastián Beccacece, los entrenadores anteriores que tuvo en Racing, era habitual que el arquero se acercara al banco para ajustar algún detalle táctico. A los 33, sin embargo, dice que aún no sabe qué hará cuando se retire. "Es que soy el que está atrás de todos", explica el ex arquero de Defensa y Justicia. "Es una manera de estar concentrado y de ayudar a que mis compañeros estén atentos. Ahora se nota más porque en el estadio vacío quedo expuesto. Por ese lado viene bien, porque estoy conectado con mis compañeros, pero se extraña mucho a la gente, es una parte fundamental de nuestro fútbol. Es muy raro esto. La costumbre es jugar con gente, que nos aplaudan como locales y que nos griten algo como visitantes".

-La noche del Maracaná ante Flamengo, cuando fuiste figura en el partido y en los penales, ¿fue un clic en tu carrera?

-He tenido otros rendimientos buenos, pero ése fue el más importante. Se definía una llave en el Maracanã, contra el último campeón de la Libertadores. Fue de los que más disfruté. No entré nervioso; lo disfruté desde que llegué al estadio, desde la entrada en calor. Empezó el partido y yo estaba muy tranquilo. Eso me ayudó. Un desempeño así da confianza, pero lo más importante es que ayudé al equipo. Cumplí la parte que me tocaba, pero si mis compañeros no hacían los goles, no servía de nada.

-Vamos a lo grupal, entonces. ¿Para las aspiraciones internacionales de Racing ese partido puede ser un quiebre, una muestra de que se puede?

-La realidad es que ya son varios años seguidos en que competimos internacionalmente. Todo lo que se construyó, todos los partidos que fuimos jugando, tienen que servirnos de experiencia para no cometer esos errores otra vez. Cuando uno empieza a jugar seguido, aprende a vivir de otra manera esos partidos. Desde hace años sumamos experiencia, ahora hay que acostumbrarse a pelear. Jugamos octavos de final, jugamos cuartos. Siempre hay que ir buscando un poco más. Después de tantos años, de sumar experiencia, va a llegar el título.

-"No lo jugamos como una final", dijiste después de perder el encuentro contra Boca.

-Ya pasó. Cada uno sabe lo que hizo bien, lo que hizo mal y lo que podría haber hecho. Se dio vuelta la página rápidamente. Es una experiencia para el futuro. Ya sabemos que cuando vamos a jugar un partido así, es muy difícil ganar si uno no entra a competir. Servirá para mejorar.

-Se habló mucho de una pelea previa en el vestuario de La Bombonera. ¿Influyó?

-Los que estamos adentro somos los que realmente saben cómo son las cosas. Desde afuera dicen muchas cosas que no son verdaderas. Molesta. Inventan cosas. No están en el día a día en el vestuario, en los entrenamientos. No vale la pena ni aclararlo. Hay que enfocarse en lo que viene, ya está. A veces hay mucha distancia entre lo que sucede y lo que se cuenta. Desde 2018 estoy en Racing. Nunca hubo una pelea; la relación con los dirigentes, con el cuerpo técnico, siempre ha sido muy buena. A veces se arma una fábula que no logro entender. Es difícil saber por qué dicen algunas cosas. Desde hace años se viene barajando un Racing positivo, un Racing que está unido. Esa forma, ese trato que venimos teniendo desde 2018 se mantiene y es lo que marca el club. Acá estamos tranquilos, las partes están ensambladas y así todo se hace es más fácil. En ese contexto, ir a entrenarse es de las mejores cosas que pueden pasarme en el día.

Fuente: www.lanacion.com
 

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