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Conocé a Fábio, el que más partidos jugó en la historia del Cruzeiro. 

 

Cuando se marchó de Vasco da Gama para firmar su contrato con Cruzeiro, allá por 2005, jamás se imaginó que iba a encontrar en Belo Horizonte su lugar en el mundo. Y mucho menos que se transformaría en el jugador con más presencias en la historia del club: ya superó los 700 partidos en el arco y ganó 11 títulos. Fábio, el arquero récord del rival de River en octavos de final de la Copa Libertadores, tuvo una carrera meteórica aunque signada por sucesos inesperados que lo marcaron a fuego.

En sus inicios, todavía como amateur en Unión Bandeirantes, el joven arquero se vio envuelto en un problema de alcohol. “Antes, la alegría de mi marido era la bebida, incluso siendo futbolista. Él sólo encontraba felicidad en la bebida”, relató hace algunos años Sandra Maciel, esposa del brasileño y una de las personas que lo ayudó a encauzar su vida. Sin embargo, no fue una tarea sencilla...

Durante 2007, más precisamente después de haber perdido 4-0 en la primera final del Campeonato Mineiro frente a Atlético MG, el arquero vivió un momento que lo marcó a fuego. Aquel día, él tuvo un partido para el olvido: le hicieron un gol de sombrerito, cometió un penal infantil y la coronó con otro tanto increíble. Sucede que tras el 0-3, Cruzeiro sacó rápido del medio pero el rival robó la pelota y Fábio, desentendido de la jugada, le dio la espalda a la jugada que derivó en el cuarto grito… Una situación catastrófica pero a la que todavía le faltaba otro capítulo negativo: el arquero terminó con una grave lesión en una de sus rodillas.


Con la rodilla inmovilizada y encerrado en su casa, atrapado en una profunda depresión, la mujer de Fabio contó en una vieja entrevista a Globoesporte el momento en el que su marido hizo un click. “Se la pasaba todo el día mirando televisión, hasta que cambió de canal y se puso a ver el programa de un pastor evangélico, quien justo en ese instante dijo que rezaría por todos aquellos que estuvieran con un problema en las rodillas...”, explicó la señora. Creer o reventar, uno de los amigos del arquero relató -tiempo después- que al oír las oraciones, Fábio “sintió una especie de calor en la rodilla”… Resumiendo, su recuperación avanzó a pasos agigantados y volvió a jugar antes de lo previsto. Y no sólo eso: a partir de entonces consiguió transformarse en uno de los emblemas del Cruzeiro, club en el que ya lleva 14 años ininterrumpidos.
 

De hecho, tuvo dos chances concretas para irse del club de Belo Horizonte pero ninguna prosperó. La primera vez fue justo después de esa final errática contra Atlético Mineiro: ya tenía todo listo para sumarse al Osasuna, aunque al viajar a España se encontró con que los términos del contrato eran diferentes a lo acordado previamente y terminó regresando a Brasil. Y la segunda le llegó en 2010, cuando el Milan quiso llevárselo y esta vez fue Fábio quien desistió. ¿El motivo? “Nadie sabía de la posible transferencia de mi marido. Y durante una misa en la iglesia, un hombre apareció de la nada, se acercó a Fábio y le dijo 'Dios me manda a decirte que ese equipo rojo y negro no es lo que él quiere para tu vida'”, explicó la esposa. Y el desenlace cayó de maduro… Fábio se transformó en un ídolo de este Cruzeiro que ahora intentará ser la Bestia Negra de River en los octavos de final de la Libertadores, uno de los trofeos que todavía no pudo levantar el arquero de 38 años.

 

Fuente: www.ole.com.ar

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